Hoy quiero hablaros del fenómeno natural en torno al cual gira la trama de «La esfera luminosa»: los llamados rayos globulares, brillantes objetos flotantes que aparecen a veces en mitad de las tormentas eléctricas.
Yo supe de ellos en mi infancia gracias a Hergé: en el decimotercer volumen de las aventuras de Tintín («Las 7 bolas de cristal») la supuesta ira de cierta momia inca parece invocar esferoides de fuego en el interior de una habitación.
Al ser tan poco frecuentes y seguir trayectorias tan caprichosas, durante siglos estas extrañas esferas de energía que parecían salidas de la nada estuvieron rodeadas de un gran halo de misterio. Durante la Segunda Guerra Mundial, un considerable número de pilotos aliados aseguraron haber sido escoltados por esferas luminosas en la punta de las alas de sus aviones («Foo Fighters», las llamaban).
Aunque parece ser que los científicos han encontrado la solución al misterio, la nota al comienzo de «La esfera luminosa» avisa de que «las características y el comportamiento de las esferas luminosas que aparecen en este libro coinciden con los descritos por la mayoría de los registros históricos reales previos a 2004.» Os aseguro que nada de lo descubierto por los científicos a partir de esa fecha alcanza a ser ni la mitad de alucinante que la explicación que Liu imagina. ¡El 21 de marzo en librerías!
(Por cierto: El personaje del libro al que aludí el otro día y del cual dije que aparece en otras cinco obras del autor es 丁儀 Ding Yi, el excéntrico pero brillante físico teórico cuya enorme curiosidad científica le lleva a tener escasos reparos éticos. Si bien esa tendencia que ya le conocíamos desde la trilogía de «Tres Cuerpos» se conserva intacta junto al resto de su impredecible personalidad, en cambio su aspecto físico es notablemente distinto: aquí es un treintañero espigado, lo cual sitúa a los hechos de la trama como anteriores a la trilogía de Tres Cuerpos.)